
Posada sobre la silla que traje de un viejo desván, escucha mis confesiones, confesiones que no son más que el sonido del obturador de mi cámara, no podía ser otra, ella, el antídoto a mis días de desidia y melancolía.
Detrás de cada sombra siempre hay una luz

3 personas comentaron:
Preciosa fotografia y texto!!
Muy buena fotografia y un texto precioso...besos davis ciao
Tienes que hacer más retratos de estudio, que seguro consigues una buena colección.
Publicar un comentario en la entrada